El huracán de Categoría 4 mató al menos a 250 personas, el más mortífero en Estados Unidos continental desde el Huracán Katrina, hace 20 años. Entre sus sobrevivientes, un grupo ha enfrentado desafíos únicos: los inmigrantes. Desde 1990, la población inmigrante de Carolina del Norte se ha multiplicado por ocho, pero la mayoría se ha establecido en los centros urbanos del estado. En las regiones rurales de montaña, los inmigrantes tienen menos acceso a redes de apoyo, lo que complica los esfuerzos de recuperación. Ese proceso se ha vuelto aún más arduo bajo el presidente Donald Trump, quien ha reformado la política federal de maneras que hacen a los inmigrantes más vulnerables durante emergencias.
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